La rótula se considera el hueso sesamoideo más grande del cuerpo, debido a que se sitúa en el espesor del aparato tendinoso extensor de la rodilla, con el tendón cuadricipital por arriba y el tendón rotuliano por abajo. Existen además varios refuerzos capsulares y ligamentos que estabilizan la rótula en su desplazamiento medial y lateral.

La rótula favorece la transmisión de fuerzas del músculo cuádriceps, haciendo efectivo su brazo de palanca en la flexoextensión de la tibia con respecto al fémur, a nivel de la articulación de ambos huesos que constituye la rodilla. Los problemas rotulianos provocan dolor anterior de rodilla, dificultad para arrodillarse, acuclillarse, subir o bajar escaleras y cuestas, saltar, correr o incluso caminar.

La luxación rotuliana consiste en que la rótula se sale de su sitio en relación con algún traumatismo directo o indirecto. Decimos que ocurre el primero cuando existe contacto o golpe en el traumatismo. Hablamos de traumatismo indirecto cuando el propio paciente sufre una lesión al girar o hacer algún movimiento forzado. Es una urgencia médica, y se debe reducir o recolocar la rótula en su posición normal lo antes posible.

Algunas personas tienen predisposición para sufrir una luxación rotuliana, debido a factores como debilidad e incoordinación muscular, laxitud ligamentosa y sobre alteraciones anatómicas de la tróclea femoral o la rótula. Entre estas últimas se encuentran la báscula o la subluxación rotuliana externa, la rótula o patela alta y la displasia de la tróclea femoral (el surco sobre el que se articula la rótula en el fémur es más plano).

Cuando hay un primer episodio de luxación rotuliana se rompen los tejidos capsuloligamentosos que se oponen a la dirección de la luxación. La rótula habitualmente se sale en sentido lateral, es decir hacia fuera de la rodilla, y por tanto las estructuras que se lesionan son las mediales. Entre los ligamentos de dicha zona, el que se ha visto que tiene una mayor importancia es el ligamento femoro-rotuliano interno (LFRI) o femoropatelar medial (LFPM). Además cuando la rótula se desplaza anormalmente en sentido lateral puede sufrir lesiones en su cartílago articular o lesiones osteocondrales, que pueden requerir tratamiento quirúrgico. Es por todo esto por lo que además de las radiografías simples que deben incluir las proyecciones anteroposterior y lateral de la rodilla, y axial de rótula, debe pedirse una resonancia magnética a todo paciente que sufra esta lesión.

La posibilidad de tener luxaciones sucesivas es alta sobre todo cuando existen factores favorecedores como los que hemos hablado. Ante un primer episodio el tratamiento puede ser conservador, consistiendo en una inmovilización inicial que favorezca la cicatrización y no elongación de los tejidos blandos dañados, y una posterior rehabilitación con especial atención de la función del músculo cuádriceps, los abductores de cadera, y la propiocepción de la rodilla. Si existen lesiones articulares asociadas o el paciente es un deportista de alto nivel, el mejor tratamiento siempre será el quirúrgico, realizándose siempre una artroscopia de rodilla, además de la técnica más adecuada en cada caso para evitar futuras luxaciones.

Ante un paciente con luxación recidivante de rótula, a partir del 2º episodio, debe plantearse también como mejor opción en la mayoría de los casos el tratamiento quirúrgico, aunque el paciente no sea funcionalmente muy demandante.

Debemos estudiar bien cuáles son los factores favorecedores en cada caso. La realización de un TAC de las rótulas con medición TA-GT (distancia entre la inserción tibial del tendón rotuliano y el centro del surco troclear), ayuda a detectar los casos en los que puede ser necesario realizar una corrección quirúrgica de la misma, mediante una osteotomía de medialización o anteromedialización de la tuberosidad tibial anterior.

Si no existe una alteración significativa de esta distancia y no hay una displasia femoral muy importante la técnica quirúrgica puede basarse solamente en la reparación o retensado de las partes blandas dañadas.

En general en todos los pacientes con báscula o subluxación lateral de la rótula se realiza una liberación del retináculo rotuliano externo.

Una técnica que cada vez se indica con más frecuencia es la reconstrucción del ligamento femororrotuliano interno (LFRI) con un injerto de tendón semitendinoso del mismo paciente.

Todas estas técnicas requieren de un proceso de rehabilitación posterior que puede ser de algunos meses hasta recobrar la movilidad y fuerza normal de la rodilla.

El índice de éxito es alto y mayor cuanto mejor se hayan evaluado y tratado todos y cado uno de los factores implicados en el problema de cada paciente.

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